Perfil Sensorial: Naranja, tropical, berries y golosinas
Productor: Eduardo Ramírez
Altitud: 1.850-2.100 msnm
Región: Tarrazu
Proceso: Natural
Varietal: Geisha
Eduardo Ramírez representa una nueva generación en la caficultura de Costa Rica. Como primera generación caficultora en su familia, su enfoque combina formación técnica rigurosa con una sensibilidad sensorial excepcional.
Su camino comenzó en el control de calidad de importantes exportadoras, donde desarrolló un paladar preciso y un profundo entendimiento de los procesos de beneficio. Esta base lo llevó a consolidarse como uno de los perfiles más completos de la industria, alcanzando logros como Campeón Nacional de Catación (2019), Q-Grader y juez internacional del Cup of Excellence.
Impulsado por una visión clara de excelencia, Eduardo adquirió la finca La Victorina, ubicada en las cumbres de Santa María de Dota, en Tarrazú. A más de 2.100 msnm, ha transformado estas 20 hectáreas en un laboratorio de innovación enfocado en micro-lotes de variedades de alto valor como Gesha, SL-28 y Java.
Su filosofía es directa: priorizar la calidad sobre el volumen, con una trazabilidad absoluta y un control meticuloso de cada etapa. El objetivo es uno solo: llevar cada lote al máximo nivel de expresión sensorial.
En La Victorina, se cultiva en las cotas más altas de la finca, donde las condiciones extremas de altitud y temperatura ralentizan la maduración del fruto. Este proceso natural permite desarrollar granos más densos y una concentración aromática excepcional.
A pesar de su baja productividad y alta exigencia agronómica, su adaptación al entorno de Tarrazú la convierte en una pieza clave dentro de la finca.
Proceso:
El proceso natural en La Victorina comienza con una recolección manual extremadamente selectiva, donde solo se escogen las cerezas en su punto óptimo de maduración, con altos niveles de grados Brix.
Las cerezas se secan enteras en camas africanas elevadas, permitiendo una deshidratación lenta y uniforme. La altitud que alcanza los 2.100 msnm juega un papel clave, prolongando el secado bajo condiciones de radiación solar controlada.
Durante este proceso, el movimiento constante de las cerezas y el control riguroso de la ventilación y la humedad aseguran una fermentación estable, limpia y precisa. Esto favorece una transferencia óptima de azúcares desde la pulpa hacia la semilla, potenciando la dulzura y complejidad del perfil final.
Una vez alcanzado el nivel de humedad ideal, el café entra en una fase de reposo y estabilización en bodega. Este paso es esencial para consolidar su estructura antes del beneficio seco, garantizando consistencia, trazabilidad y una calidad en taza impecable.